Reflexionando un poco sobre todas las veces que morimos a lo largo de nuestra vida, entendiendo que todo es vida, todo es muerte, en este ciclo todo se desenvuelve, los sueños que en algún momento fueron, hoy ya no están, las promesas vacías que murieron con el tiempo, los anhelos, intentos fallidos, el desamor, el deseo, todo lo que representa vida, y nos ayuda a comprender la muerte.
Por un instante me vino a la mente la reflexión de que cada día de vida, nos acerca un día a la muerte, me hace pensar en todo lo que haría si tuviera la certeza de que la muerte se acerca, un millón de sueños vienen a mi mente, tal cual las estrellas aparecen en el cielo, cierro los ojos y veo el infinito en todas mis posibilidades, respiro, recuerdo que aun estoy vivo, aunque muchas veces pareciera lo contrario.
En la lista de actividades incluiría amar, en este punto debe morir la soledad, el hastío, para permitir darle vida a una ilusión, entonces creo que también viajaría, dejaría morir mis miedos, para darle vida a la aventura de conocer nuevos lugares, nuevas costumbres, entonces volaría.
Inexplicable pero así es, todas las cosas que dejamos alguna vez en el camino, representan muerte, pero le dieron vida a algo más, solo que el impacto de lo que permitimos vivir, no siempre es positivo, muchas veces pareciera que solo dejamos vivas las ruinas, para dejar constancia de lo que un día fuimos, sin entender claramente que las ruinas son el inicio de la reconstrucción. Así como en la muerte física el alma se desprende del cuerpo, para poder vivir lo trascendental, lo pleno, la paz de lo eterno.
Creo que también me apasionaría más con todo lo que hago, valoraría cada uno de los días porque puede ser el último, escribiría menos, hablaría mas. Aunque seguramente seguiría escribiendo porque las palabras mueren, pero las ideas viven sobre el papel evocando a la memoria cuando son leídas, leería mas pero trataría de entender menos, para no complicarme la vida buscando respuestas, conservaría viva mi capacidad de asombro, para vivir sorprendido y no morir escéptico.
Seguramente haría mil cosas, pero un día es tan corto, que solo me queda la sensación de querer seguir vivo, para no dejar nada a medias, así el día que sea pueda morir, para abrir los brazos y entender que viví cada día con un propósito y consciente de la muerte.